
Una niña de 10 años era abusada sexualmente por su padrastro y su hermano desde sus siete años. La pequeña sufría los vejámenes hasta que uno de sus hermanitos menores fue testigo casual en una oportunidad y avisó a sus familiares; de esa forma los culpables fueron capturados y la víctima fue rescatada por las autoridades de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia.
El hecho era cometido en la localidad San Lorenzo, ubicada a cinco kilómetros de Cotoca. Ahí vivía la niña junto a su madre, su padrastro y sus siete hermanos. Su mamá se gana la vida vendiendo pan y tiene siete hijos de su primer matrimonio. Hace cinco años la mujer decidió convivir con un hombre de ocupación albañil, con el que tuvo un hijo.
La madre ignoraba el drama de la niña hasta que uno de sus hijos (7 años) descubrió el hecho, le avisó a su tía, la que después denunció a los supuestos violadores a la Policía.
Ambos sujetos fueron capturados. El padrastro, Donato Mercado García (44) y M. R. B. (18), hermano de la víctima, fueron imputados por violación agravada, por parte de la fiscal Mirtha Mejía. La jueza Danny Morón atendió el caso.
Ayer en la audiencia la fiscal aseguró que la niña, durante tres años, tuvo que soportar en silencio un duro sufrimiento porque era amenazada.
La jueza ordenó la detención de los acusados en la cárcel de Palmasola, aunque permanecen en la carceleta de Cotoca. Sin embargo, al no haber allí las mínimas condiciones de seguridad, los familiares exigen que se cumpla lo determinado por la jueza.
La fiscal Mirtha Mejía comentó que este hecho estuvo a punto de quedar en la impunidad, pero salió a la luz pública por la valentía de un niño. Dijo que en las zonas rurales muchos casos de violación pasan inadvertidos debido a las amenazas de muerte sobre las víctimas.
Otro de los hechos funestos para la Fiscalía es que los violadores, a través de sus abogados, callan a la gente humilde con ínfimas cantidades de dinero y el delito queda impune.

